domingo, 20 de enero de 2019

Cuando un anfibio nativo puede ayudar en la lucha contra una especie invasora

Taricha torosa Trabuco Canyon.jpgRecientemente se ha publicado en la revista Hydrobiologia un interesante artículo. En él, los autores han evaluado el efecto de la neurotoxina producida por un anfibio nativo sobre una especie exótica invasora de caracol acuático. Se trata del anfibio Taricha torosa, un urodelo de la familia Salamandridae que es endémico de California. Este animal produce, en unas glándulas situadas en su piel, una neurotoxina (tetrodotoxina) implicada en su defensa frente a posibles depredadores. Pero este compuesto se libera al medio, modificando el comportamiento de otros animales que no son sus depredadores. Los autores analizan el efecto de la neurotoxina sobre el comportamiento de un caracol acuático invasor, Potamopyrgus antipodarum. El estudio se lleva a cabo tanto en laboratorio como en campo. En el laboratorio la toxina reduce la capacidad de movimiento del caracol, tal vez por efectos subletales en el animal. En el campo, los caracoles tienden a rehuir zonas ocupadas por T. torosa en comparación con otras zonas ocupadas por anfibios que no producen toxinas. La conservación de este urodelo, muy amenazada por especies exóticas como el cangrejo rojo o la rana toro, podría ser una buena defensa natural contra el avance de este caracol exótico, ya que en las zonas ocupadas de forma natural por el urodelo no aparece el caracol invasor. Este estudio nos da unos buenos indicios sobre la compleja relación entre las diferentes señales químicas y el comportamiento de los animales.

lunes, 14 de enero de 2019

Podcast "Ecología para todos"

Recientemente he creado un podcast sobre Ecología. Se titula "Ecología para todos" y al igual que este Blog tiene un carácter divulgativo, con especial interés en la ecotoxicología y la ecología acuática. Os dejo el primer audio del podcast:


lunes, 24 de diciembre de 2018

Problemas de salud causados por los simúlidos

Los simúlidos son una familia de dípteros (Familia Simuliidae) del suborden Nematocera. Estos animales presentan una metamorfosis completa (insectos holometábolos), pasando por las fases de huevo, larva, pupa y adulto. Éste último es aéreo (su nombre común es moscas negras), y las otras tres fases son acuáticas. Las hembras adultas son hematófagas, ya que necesitan la sangre para que los huevos puedan madurar, y su picaduras son muy dolorosas. El problema es que el dolor de la picadura aparece tiempo después de que el insecto pique, ya que utilizan sustancias que anestesian (entre otras sustancias) y la víctima no se entera hasta tiempo después. La saliva de la mosca -al entrar en contacto con nuestro sistema inmune- produce una reacción local importante y dolorosa. La mosca rasga la piel (no pica como un mosquito) lo que hace más doloroso el proceso. En algunas partes del mundo trasmiten graves enfermedades a los animales y humanos, tales como la oncocercosis. En las últimas décadas ha incrementado en España la incidencia de picaduras por parte de estas mosca, y como siempre suele pasar salta la alarma. Las autoridades presurosas en la defensa de la salud de los ciudadanos buscan soluciones cortoplacistas a un problema mucho más complejo de lo que se suele explicar. Como he indicado la larva y pupa viven en los ecosistemas fluviales. La larva es bentónica (vive en el lecho de los ríos) anclada a sustratos (plantas o cantos rodados) en zonas de rápida corriente. En la parte final del cuerpo la larva (con forma de bastoncillo) tiene un anillo de ganchos que le permite anclarse al sustrato y no ser arrastrada por la corriente. En su fase larvaria es un animal filtrador, es decir se alimenta de pequeñas partículas de materia orgánica que son arrastradas por la corriente. Para la fase de pupa, busca lugares de menor corriente, en esta fase no se alimenta. Después, por medio de una burbuja sube a la superficie y el adulto en la orilla tardará un tiempo en secarse y en endurecer su cutícula, tras lo cual podrá ir a buscar a sus potenciales víctimas (ganado y humanos). Se argumenta que la mejora en la calidad físico-química del agua de los ecosistemas fluviales ha incrementado la abundancia de estos animales, a través del incremento de la abundancia de macrófitas (en dónde suelen realizar la pupa). Esto no deja de ser una visión sesgada del problema. Las grandes abundancias de un organismo suelen deberse a que alguna o algunas de las funciones de los sistemas fluviales no están bien, y en nuestros ríos son unas cuantas. Por ejemplo, los pequeños (y no tan pequeños municipios) suelen presentar tratamientos deficientes de aguas residuales (y en muchas ocasiones inexistentes, especialmente en verano cuando la población de los pueblos aumenta y sus sistemas de depuración de aguas residuales no). Estos vertidos proporcionan a las larvas su alimento preferido: materia orgánica particulada fina. Es decir, que los humanos nos dedicamos a alimentar a sus larvas. Además, las riberas de los sistemas fluviales en muchos tramos de nuestros ríos son inexistentes o escasas, debida a la avidez insaciable de la agricultura y la dichosa concentración parcelaria que arrasó con muchos pequeños arroyos y sus riberas. Consecuencia, inexistencia o escasez de potenciales depredadores vertebrados (pequeñas aves insectívoras y murciélagos) que podrían ayudar a controlar a los adultos. Además, el sombreo del cauce por parte de los árboles ayuda a controlar la proliferación de macrófitos. A esto hay que sumarle que en muchos tramos la fauna de peces ha sufrido una merma considerable, reduciendo también la posible depredación sobre las larvas. Como vemos son muchos los factores que pueden ayudar a explicar el aumento de las poblaciones de un grupo de invertebrados. Las soluciones son integrales, y se deben basar en la restauración ecológica de nuestros sistemas fluviales, teniendo en cuenta los servicios ambientales que nos proporcionan a todos los ciudadanos y no solamente a determinados sectores.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Introducción de especies exóticas para el control de enfermedades

Trichobilharzia.regenti.cercaria.DIC.pngEl título de hoy hace referencia a un reciente trabajo publicado en la revista PeerJ. En él los autores proponen la introducción del caracol acuático del cieno de Nueva Zelanda (Potamopyrgus antipodarum) para reducir la incidencia de la dermatitis cercarial en humanos. Dicha enfermedad es producida cuando las cercarias infecciosas de la especie Trichobilharzia regenti atraviesan la piel humana, lo que se puede producir cuando las personas nos damos un baño en un embalse o laguna con presencia de este parásito. Esta especie de parásito utiliza como hospedador a los patos y a los caracoles. Pero la cercaria en los humanos no puede sobrevivir a nuestro sistema inmune, el cual termina con la cercaría, produciendo una reacción alérgica local en el lugar de entrada. A este parásito se le denomina "piojo de pato" o "piojo del bañista". ¿Y qué tiene que ver en todo esto el caracol del cieno? lo que sucede es que otro hospedador intermedio del parásito son los caracoles (la especie Radix balthica), en el caso de P. antipodarum la cercaria entra en esta especie pero no logra sobrevivir. Según los autores del artículo si llenamos de esta especie las zonas de baño se consigue un efecto de dilución que reduciría la incidencia de las cercarias, ya que las cercarias entraría en P. antipodarum (las aves comén los caracoles, en el interior del ave se desarrolla el adulto que produce las cercarias que infectan a los caracoles, y de esta forma se cierra su complejo ciclo de vida). Esto es algo razonable desde el punto de vista epidemiológico, pero no tiene sentido desde el punto de vista del impacto ecológico que se produciría. Creo que este tipo de propuestas es descabellada, además muchas legislaciones (incluida la española) prohiben la introducción de especies exóticas. Esperemos que este tipo de ideas no tenga mucha repercusión, y que se busquen otras soluciones (por ejemplo avisar a los bañistas del riesgo que corren en estas zonas). En otras ocasiones se ha hecho algo parecido para enfermedades realmente graves como la esquistosomiasis en África, utilizando el cangrejo rojo americano como depredador de caracoles. El parásito que produce esta enfermedad tiene un ciclo parecido al anterior pero en lugar de utilizar aves utiliza a los seres humanos. Tal vez a pequeña escala pueda estar justificado, pero las consecuencias de la introducción de especies exóticas en los ecosistemas naturales pueden tener consecuencias muy costosas, tanto ecológicamente como económicamente.