miércoles, 30 de mayo de 2018

Cambios drásticos en el funcionamiento de los ecosistemas a consecuencia del mejillón cebra y el mejillón cuaga

El mejillón cebra (Dreissena polymorpha) y el mejillón cuaga (D. rostriformis bugensis) son dos peligrosas especies exóticas invasoras. Estos mejillones de agua dulce se han convertido en invasoras en varias partes del mundo. Ambas son originarias de la zona Ponto-cáspica (Mar Negro, Caspio y de Azov) y se caracterizan por su elevada capacidad de reproducción (una sola hembra puede producir un millón de huevos en un periodo reproductivo), y pueden alcanzar elevadas densidades, de hasta 100.000 individuos por metro cuadrado. Son especies con una fase planctónica de vida libre (larva velígera) -sin fases parásitas- lo que explica en parte el gran éxito invasor. Su alimentación consiste en la filtración de partículas orgánicas en suspensión (como puede ser materia orgánica fina o fitoplancton). Esto último, y su elevada densidad, hace que en los sitios invadidos el impacto sobre el funcionamiento del ecosistema sea muy elevado. En un meta-análisis realizado en 2010 se cuantificó este impacto, las cifras asustan: el fitoplancton disminuye entorno a un 60% en los sitios invadidos, la cantidad de bacterias que se encuentra alrededor del sedimento de los mejillones incrementa en más de un 2000%, y la cobertura de plantas acuáticas sumergidas en más de un 180%. Esto se debe a que el mejillón filtra la materia orgánica en suspensión, y al excretar incrementa la cantidad de nutrientes del sedimento (es decir moviliza los nutrientes de la columna de agua al sedimento). Al filtrar incrementa la entrada de luz a la zona bentónica -que con el incremento de nutrientes- facilitan el crecimiento de las plantas acuáticas bentónicas. El incremento de los nutrientes del sedimento también facilita a las bacterias. Este cambio funcional se denomina bentificación, y hace que el ecosistema se modifique drásticamente.

martes, 27 de febrero de 2018

Las enfermedades emergentes y las especies exóticas invasoras


Angiostrongylus cantonensis.pngLa angiostrongiliasis es una enfermedad emergente producida por el nemátodo Angiostrongylus cantonensis. En humanos es una de las principales causas de meningitis eosinofílica, que es una inflamación de la membrana que cubre el cerebro. Este nemátodo tiene un ciclo de vida complejo, que incluye como hospedadores intermedios a varias especies de gasterópodos y como hospedador final a varias especies de roedores. En estos últimos el adulto vive en las arterias pulmonares. El caracol acuático Pomacea canaliculata (el “caracol manzana”) es nativo de Sudamérica pero se ha convertido en un invasor en muchas partes del mundo, incluyendo China, donde hace estragos en los cultivos de arroz. Pero no solamente es dañino desde el punto de vista de las cosechas, también es portador intermedio de este parásito, y aquí radica la relación con el título de este post. La enfermedad llega al hombre por la ingesta de caracoles crudos o poco cocinados y por contacto con las babas de los caracoles. Esta especie es consumida en China y se ha visto que presenta una incidencia del 7.6% para esta enfermedad. Además, se ha comprobado una rápida expansión a nivel mundial de esta enfermedad, pasando de su zona nativa de Asia a América. El caracol manzana se está extendiendo ampliamente, y a sus daños agrícolas y ecológicos hay que sumar ahora los daños sanitarios. El problema de las especies exóticas invasoras es muy grave, y no solamente desde un punto de vista puramente ecológico, es un problema también de salud ambiental. Recientemente se ha publicado un meta-análisis sobre esta enfermedad en China.

jueves, 1 de febrero de 2018

Las especies exóticas no son un grupo al azar de especies


Resultado de imagenExisten numerosas especies invasoras de invertebrados en los ecosistemas acuáticos. Entre ellas encontramos algunas especies invasoras muy conocidas como son el mejillón cebra o la almeja asiática. Estas especies invasoras suelen presentar rasgos que las hacen propicias para convertirse en exóticas, por ejemplo una gran capacidad para reproducirse, ciclos de vida cortos, gran tolerancia a factores ambientales, etc. En un trabajo de hace algunos años se analizaron, a nivel de Norte América y Europa, las especies invasoras de invertebrados acuáticos presentes en las invasoras de cada continente y se compararon con la composición nativa de las comunidades de invertebrados. El resultado del trabajo mostró que las especies invasoras de invertebrados están sobrerepresentadas en los grupos de moluscos y crustáceos respecto a las nativas, en las cuales dominan los insectos. Además, todas las especies invasoras eran relativamente tolerantes a la contaminación orgánica, aspecto que no se producía en todas las nativas. Esto se puede explicar por varios motivos, por una lado existe una gran diversidad de insectos en los ecosistemas acuáticos lo que puede hacer más difícil que otra especie de insecto encuentre algún nicho libre. Otra posibilidad es que los insectos acuáticos en muchas ocasiones requieren de una fase adulta y aérea para reproducirse, lo que dificulta el establecimiento de una nueva especie invasora (debe superar las dificultades en un ambiente acuático y en otro terrestre). Otra posibilidad es que el transporte a largas distancias de insectos acuáticos sea más difícil que la de grupos estrictamente acuáticos (como los moluscos).

jueves, 25 de enero de 2018

Aspectos positivos y negativos de los contaminantes y otras fuentes de estrés


Bulletin of Environmental Contamination and ToxicologyRecientemente la revista Bulletin of Environmental Contamination and Toxicology, una revista  decana en toxicología ambiental, ha celebrado la edición del volumen número 100, en el cual he tenido el placer de colaborar. Entre los interesantes trabajos del volumen, se encuentra una aportación de Peter M. Chapman, que por desgracia ha fallecido recientemente. En su artículo, este autor revisa una serie de ejemplos sobre las interacciones positivas y negativas de los contaminantes con otras fuentes de estrés ambiental, como puede ser el cambio climático o la eutrofización de las aguas. A priori, como es lógico pensar, todos los contaminantes producen efectos adversos en los ecosistemas. No obstante, la combinación de determinados contaminantes con otras fuentes de estrés pueden generar efectos no siempre negativos. Por ejemplo, el incremento de concentración de sales en los ecosistemas de agua dulce (por ejemplo por uso de sales en las carreteras para evitar el hielo) puede suponer una reducción de la biodisponibilidad de los metales pesados, reduciendo el riesgo tóxico para el ecosistema afectado. Por otro lado, un incremento de nutrientes en el medio acuático (eutrofización) puede suponer un incremento de carbón orgánico disuelto, lo que reduce la biodisponibilidad de algunos metales. Pero no hay que pensar que todo es positivo, el incremento de temperatura por el calentamiento global incrementa la toxicidad de los compuestos químicos, o el incremento de los niveles del mar puede inundar zonas con suelos contaminados, cuyos contaminantes muy probablemente pasarían al agua. En fin, nos enfrentamos a unos cambios muy rápidos y con consecuencias graves para nuestros ecosistemas, y por tanto para nuestro propio bienestar como especie.