jueves, 1 de febrero de 2018

Las especies exóticas no son un grupo al azar de especies


Resultado de imagenExisten numerosas especies invasoras de invertebrados en los ecosistemas acuáticos. Entre ellas encontramos algunas especies invasoras muy conocidas como son el mejillón cebra o la almeja asiática. Estas especies invasoras suelen presentar rasgos que las hacen propicias para convertirse en exóticas, por ejemplo una gran capacidad para reproducirse, ciclos de vida cortos, gran tolerancia a factores ambientales, etc. En un trabajo de hace algunos años se analizaron, a nivel de Norte América y Europa, las especies invasoras de invertebrados acuáticos presentes en las invasoras de cada continente y se compararon con la composición nativa de las comunidades de invertebrados. El resultado del trabajo mostró que las especies invasoras de invertebrados están sobrerepresentadas en los grupos de moluscos y crustáceos respecto a las nativas, en las cuales dominan los insectos. Además, todas las especies invasoras eran relativamente tolerantes a la contaminación orgánica, aspecto que no se producía en todas las nativas. Esto se puede explicar por varios motivos, por una lado existe una gran diversidad de insectos en los ecosistemas acuáticos lo que puede hacer más difícil que otra especie de insecto encuentre algún nicho libre. Otra posibilidad es que los insectos acuáticos en muchas ocasiones requieren de una fase adulta y aérea para reproducirse, lo que dificulta el establecimiento de una nueva especie invasora (debe superar las dificultades en un ambiente acuático y en otro terrestre). Otra posibilidad es que el transporte a largas distancias de insectos acuáticos sea más difícil que la de grupos estrictamente acuáticos (como los moluscos).

jueves, 25 de enero de 2018

Aspectos positivos y negativos de los contaminantes y otras fuentes de estrés


Bulletin of Environmental Contamination and ToxicologyRecientemente la revista Bulletin of Environmental Contamination and Toxicology, una revista  decana en toxicología ambiental, ha celebrado la edición del volumen número 100, en el cual he tenido el placer de colaborar. Entre los interesantes trabajos del volumen, se encuentra una aportación de Peter M. Chapman, que por desgracia ha fallecido recientemente. En su artículo, este autor revisa una serie de ejemplos sobre las interacciones positivas y negativas de los contaminantes con otras fuentes de estrés ambiental, como puede ser el cambio climático o la eutrofización de las aguas. A priori, como es lógico pensar, todos los contaminantes producen efectos adversos en los ecosistemas. No obstante, la combinación de determinados contaminantes con otras fuentes de estrés pueden generar efectos no siempre negativos. Por ejemplo, el incremento de concentración de sales en los ecosistemas de agua dulce (por ejemplo por uso de sales en las carreteras para evitar el hielo) puede suponer una reducción de la biodisponibilidad de los metales pesados, reduciendo el riesgo tóxico para el ecosistema afectado. Por otro lado, un incremento de nutrientes en el medio acuático (eutrofización) puede suponer un incremento de carbón orgánico disuelto, lo que reduce la biodisponibilidad de algunos metales. Pero no hay que pensar que todo es positivo, el incremento de temperatura por el calentamiento global incrementa la toxicidad de los compuestos químicos, o el incremento de los niveles del mar puede inundar zonas con suelos contaminados, cuyos contaminantes muy probablemente pasarían al agua. En fin, nos enfrentamos a unos cambios muy rápidos y con consecuencias graves para nuestros ecosistemas, y por tanto para nuestro propio bienestar como especie.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Consecuencias ecológicas de la regulación de caudales

Estos días he terminado de releer un artículo publicado en el año 2002. Se trata de una revisión realizada por Stuart E Bunn y Angela H Arthington sobre el impacto ecológico de la regulación de caudales en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas fluviales. Es un brillante trabajo, en el cual los autores revisan varios aspectos del funcionamiento de los ríos que se ven modificados de forma drástica por la construcción de embalses. Para ello analizan cuatro principios básicos modificados por los embalses. En primer lugar, los caudales en los ríos son fundamentales para determinar la estructura física del hábitat de las especies (esto es en qué lugares viven las especies acuáticas). Por ejemplo, los alevines de salmón pueden quedar atrapados en el substrato cuando se producen drásticas reducciones de caudal, lo que supone un grave daño a la población. Algunas especies de invertebrados se ven muy diezmadas aguas abajo de centrales hidroélectricas, ya que éstas presentan grandes oscilaciones diarias de caudal en función de las cambiantes demandas de electricidad. Un segundo principio consiste en que las especies han coevolucionado con regímenes naturales de caudales, lo cual supone que la modificación drástica y rápida de estos caudales hace que la mayoría de las especies no toleren estas nuevas condiciones ambientales. Esto es especialmente grave para algunos invertebrados cuyos desarrollos larvarios son de larga duración (como pueden ser algunos plecópteros), lo que hace que a lo largo de su ciclo de vida se puedan ver afectados con mayor probabilidad por estos cambios artificiales de caudal. Un tercer principio que sostienen estos autores es que el mantenimiento de la conectividad longitudinal y lateral del ecosistema fluvial aseguran la viabilidad de muchas especies fluviales y riparias. Por ejemplo, las grandes crecidas producen en condiciones naturales la formación de humedales en la llanura de inundación (conectividad lateral), asegurando un hábitat de cría para algunas especies de peces. La regulación de caudales y las defensas laterales o motas suelen terminar con esto. Algunas especies de peces como los barbos o los salmones requieren de un movimiento aguas arriba durante la época de freza, esto suele ser impedido o dificultado por los embalses (desconexión longitudinal).  Finalmente, los autores sostienen que el éxito de las especies exóticas se ve favorecido por la regulación de caudales. Por ejemplo, las plantas del género Typha spp. (espadañas) son exóticas en Australia, y en las últimas décadas han proliferado gracias a la reducción de caudales y al aumento de la estabilidad de los cursos fluviales por la regulación. Muy común es el caso de carpas y gambusias en nuestros ríos, a estas especies la regulación de caudales les favorece ya que la ausencia de grandes crecidas les permite medrar en estos ecosistemas.
En definitiva un artículo fundamental para entender el daño tan profundo y drástico que causan los embalses en los ecosistemas fluviales.

lunes, 24 de abril de 2017

Nuevas formas de contaminación: presencia de microplásticos en los ecosistemas acuáticos

Que los plásticos que utilizamos en el día a día generan problemas ambientales es una realidad conocida. Desde la liberación de compuestos potencialmente tóxicos, hasta la simple acumulación de los mismos por su dificultad para ser degradados por los seres vivos. Los microplásticos (fragmentos de plástico de menos de 5 mm de diámetro) has sido encontrados en multitud de ecosistemas acuáticos, especialmente en los océanos. Una fuente importante de los mismos son los efluentes de las plantas de tratamiento de aguas residuales, que a través de los ríos son transportados hasta lagos o mares. Estos nuevos sustratos (artificiales) son utilizados por los seres vivos, tal es el caso de las bacterias que los pueden colonizar. Un reciente estudio demuestra que las comunidades microbianas presentes en estos microplásticos son menos diversas que las presentes en la columna de agua o en el sustrato natural de ríos. El estudio muestra como en plásticos la presencia de bacterias patógenas es proporcionalmente mayor que en los sustratos naturales, y además hay una mayor presencia de bacterias capaces de degradar estos plásticos. De momento no esta muy claro las consecuencias en el funcionamiento de los ecosistemas fluviales de estos microplásticos, lo que si parece evidente es que la introducción de estos elementos en los sistemas naturales puede tener consecuencias graves para su funcionamiento (liberación de compuestos químicos potencialmente tóxicos, alteración de sustratos naturales, presencia de mayor cantidad de bacterias patógenas, ingesta por vertebrados, etc.). El artículo ha sido publicado en la revista Environmental Science and Technology.